La victoria obnubilo al gran campeón
que se confio de su invensible razón
hasta que la llama sagrada ascendió
y esquivando trincheras
le hizo tragar pastillas viejas.
Nunca vence quien reñega de la plenitud
por que solo existe derrochando vida
pero la magia se la olvido en la juventud
y hoy muerde el suelo de una batalla perdida.
El que yacia derrotado resulta que ahora resurgió
y desenmascaro en una oleada al que nunca venció,
la luz que parecia agotada finalmente se encendió
en el espiritu altruista del que nunca perdió.
Cuanta pureza reprimida ocultaba aquel lugar,
él cantaba triunfante una falsa verdad
pero de la nada la vieja llama encegueció
y el que yacia derrotado de sus cenizas reencarno.
lunes, 4 de febrero de 2008
El que nunca perdió
La victoria obnubilo al gran campeón
que se confio de su invensible razón
hasta que la llama sagrada ascendió
y esquivando trincheras
le hizo tragar pastillas viejas.
Nunca vence quien reñega de la plenitud
por que solo existe derrochando vida
pero la magia se la olvido en la juventud
y hoy muerde el suelo de una batalla perdida.
El que yacia derrotado resulta que ahora resurgió
y desenmascaro en una oleada al que nunca venció,
la luz que parecia agotada finalmente se encendió
en el espiritu altruista del que nunca perdió.
Cuanta pureza reprimida ocultaba aquel lugar,
él cantaba triunfante una falsa verdad
pero de la nada la vieja llama encegueció
y el que yacia derrotado de sus cenizas reencarno.
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